Llamen hasta que se les abra

Jorge Himitian

05/05/2021

La insistencia en la oración

En estos días de pandemia, de contagios e internaciones, permanentemente nos llegan noticias de personas cercanas que necesitan que redoblemos nuestras oraciones. Como nunca antes, orar con insistencia se volvió imperioso. Hoy te comparto esta palabra de ánimo basada en Lucas 11.1 para que te animes a clamar como nunca antes.

 “Aconteció que, estando Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: —Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos”.

Fue entonces que Jesús les enseñó a orar el “Padre nuestro…” (vv.2-4). Y a continuación, desde el versículo 5 al 8, Jesús, con una parábola, les enseñó sobre la importancia de orar con insistencia.

El texto de Lucas, registra así las palabras de Jesús: (RV Actualizada)

—Supongamos que uno de ustedes tiene un amigo y va a él a la medianoche y le dice: “Amigo, préstame tres panes porque ha llegado a mí un amigo de viaje y no tengo nada que poner delante de él”. 

¿Le responderá aquel desde adentro: “No me molestes; ya está cerrada la puerta y mis niños están conmigo en la cama; no puedo levantarme para dártelos”? 

Les digo que, aunque no se levante a dárselos por ser su amigo, ciertamente por la insistencia de aquel se levantará y le dará lo que necesite.

Para entender esta parábola hay que conocer la cultura oriental, que entre otras cosas, se caracteriza por la hospitalidad.

A este señor le cayó de improviso un amigo. Era medianoche. Y justo el dueño de casa no tenía nada que ofrecerle para cenar. Aunque era algo raro en esa época, pero posible. Por su honor, no podía decirle a su huésped: “Querido amigo, qué alegría recibirte en casa, pero lamento decirte que justo en este momento no tengo nada que ofrecerte para comer”.

Acomodó a su huésped en alguna de las habitaciones, y mientras se lavaba y se instalaba, pensó qué podría hacer o inventar para la cena.

Lo único que se le ocurrió fue ir a la casa de su vecino a pedirle prestados tres panes. (En oriente pan significa también comida).

Era la medianoche. En la casa del vecino reinaba un silencio total. Todos dormían. Golpeó a la puerta, y nada. Golpeó varias veces, y nadie respondía. Siguió golpeando, cada vez más fuerte, hasta que se escuchó: “¿Quién es?” “Soy yo, tu vecino”, respondió. “Perdón por la hora, pero necesito un gran favor”. “Amigo, préstame tres panes porque ha llegado a mí un amigo de viaje y no tengo nada que poner delante de él”. 

Jesús sigue contando: Acaso ¿Le responderá aquel desde adentro: “No me molestes; ya está cerrada la puerta y mis niños están conmigo en la cama; no puedo levantarme para dártelos”? 

Dice Jesús: Les digo que, aunque no se levante a dárselos por ser su amigo, ciertamente por la insistencia de aquel se levantará y le dará todo lo que necesite.

 Y Jesús les dice a sus discípulos, y hoy a nosotros:

Pidan, y se les dará; busquen, y hallarán; llamen, y se les abrirá.  Porque todo aquel que pide recibe, y el que busca halla, y al que llama se le abrirá.

Por el contexto de este pasaje y por la parábola se podría interpretar:

Pidan, hasta que se les dé;

busquen, hasta que encuentren;

llamen o golpeen la puerta, hasta que se les abra. 

Hagamos lo que nos enseñó Jesús con esta sencilla pero maravillosa parábola por nuestros seres queridos.

Evidentemente a Dios le agrada nuestra insistencia. Golpeemos las puertas del cielo hasta que el Señor nos dé lo que le estamos pidiendo. Insistamos en fe y oración hasta ver la respuesta de Dios. Amén.

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